El texto del dramaturgo Sebastián Junyent plantea

una historia sobre las relaciones fraternales, en la cual, con el pretexto de la muerte de la madre, un par de hermanas se reúnen después de mucho tiempo de no verse, para deshacer la casa. Por medio de la nostalgia, el conflicto, los silencios guardados por años, el peso de los objetos que ahí se encuentran, los recuerdos de la infancia… el autor detona en los personajes situaciones difíciles y a la vez entrañables como reprimendas, remiendos, reclamos, risas y llanto, lo propio de la naturaleza del ser humano, y sobre todo en relaciones tan ricas y complejas como lo son las fraternales.

Lo que vi en escena

Trabajar un texto tan fuerte no es tarea fácil y Fanny Sarfati, junto con sus actrices Lina Eskenazi y Yesenia Sadovitch, logran abordarlo con mucha valentía, encontrando los momentos de humor precisos que el texto requiere, para que entre tantas confesiones y tensiones, los espectadores logremos tener un respiro que mucho se agradece. Con una escenografía bastante realista, nos transportan a un mundo muy cercano para todos los que somos o tenemos hermanos, ya que la complejidad de este tipo de relaciones humanas se aborda desde muchas vertientes distintas. Hay que deshacer la casa es una puesta en escena que nos da mucho para sentir, para reír, para llorar, y sobre todo, para reflexionar.

XXV Festival de Teatro Habima

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